Artículos de El Plural

lunes, 22 de noviembre de 2010

Jack Kennedy, 47 años después


Tal día como hoy hace 47 años, el Presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, murió asesinado en el Hospital Parkland Memorial de Dallas, minutos después de ser emboscado en la Plaza Dealey de la ciudad tejana. Tres disparos, uno en la garganta, otro en la espalda, y uno fatal en la cabeza, pusieron fin a su vida y devolvieron al país a las tinieblas de su peor historia. Fue el asesinato más triste que ocurrió en el país desde que el 15 de abril de 1865, Abraham Lincoln, otro mítico presidente, fuera asesinado por John Wilkes Booth en el teatro Ford de Washington DC. 47 años después, la figura del trigésimo quinto presidente americano sigue viva en el ideario estadounidense, como un dirigente querido y admirado cuyo trágico final contribuyó a la consolidación del llamado mito de Camelot y del halo de magia que siempre ha envuelto a los Kennedy. Ni siquiera las constantes revelaciones sobre la promiscuidad del que fuera inquilino de la Casa Blanca de 1961 a 1963 han hecho mella en el cariño de sus incondicionales. Aquel viernes en Dallas hizo eterno a JFK, y nadie puede con eso. Sólo hay que ver las encuestas de opinión que cada cierto tiempo se realizan en EEUU y que colocan a Kennedy en el tercer puesto de los mejores presidentes, sólo por detrás de Washington y Lincoln.

Detrás del mito, había un político, y detrás del político, una persona. Jack Kennedy fue un niño enfermizo, siempre a la sombra de su hermano mayor, Joe. Era el segundo de los nueve hijos de Joseph Patrick Kennedy y de Rose Fitzgerald, y nació el 29 de mayo de 1917 en Brookline, Massachusetts. A la muerte de Joe durante la 2ª Guerra Mundial, se convirtió en el primero, y depositario de las esperanzas políticas de un padre que no cesaría hasta que un hijo suyo ocupara el Despacho Oval. Y así ocurrió en noviembre de 1960, cuando el joven senador demócrata por Massachusetts venció al vicepresidente republicano Richard Nixon, y se proclamó sucesor de Ike Eisenhower. Decía un literato que “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, y esta máxima pareció aplicarla JFK durante su presidencia, corta, sólo 2 años y medio, pero intensa, y si nos ceñimos únicamente al aspecto político, que es el que importa, irreprochable. Kennedy mantuvo la paz mundial durante la etapa más dura de la Guerra Fría, y le costó lo suyo. Acababa de deshacer las maletas y de aterrizar en la Casa Blanca cuando los militares se la jugaron e invadieron la Bahía de Cochinos previo paso a una invasión abierta contra la Cuba comunista, que daba entonces sus primeros pasos. El joven presidente, dolido y molesto con la acción de los militares, no se amilanó y tomó represalias contra los autores de la invasión, incluido Allen Dulles, toda una vaca sagrada en los servicios de inteligencia.

Daba muestras de una valía política incuestionable, y que se daba por inexistente en algunos ámbitos cuando alcanzó la presidencia. La Guerra Fría requería que los gobernantes mantuvieran la calma, y Kennedy lo hizo, a pesar de las constantes provocaciones de la URSS y de su líder, Kruschev, que mantenía las presiones sobre Berlín, en una estrategia para mantener a EEUU fuera de Cuba. JFK vivió el año más duro de la Guerra Fría, 1962, cuando se sucedieron los despropósitos por ambas partes, que tuvieron su culminación con el descubrimiento de misiles nucleares soviéticos en Cuba apuntando a las costas de Florida. Nunca se ha estado tan cerca del estallido de la 3ª Guerra Mundial como durante la Crisis de los Misiles, e incluso en aquellas circunstancias, el presidente Kennedy mantuvo la cabeza fría. No se reconoce suficientemente el acierto que JFK tuvo declarando el bloqueo comercial a Cuba y evitando la guerra. Entre sus logros políticos, se encuentra también la firma del primer tratado de no proliferación de armamento nuclear con la URSS, el proyecto de que el hombre pisara la luna y la extensión de derechos civiles a los afroamericanos, parcela en la que contó con el apoyo del fiscal general y su mano derecha, su hermano Bobby Kennedy.

Si bien durante su estancia en la Cámara de Representantes nadie supo a qué atenerse, puesto que alguna vez votó con los republicanos, incluyendo la ley que limitaba los mandatos presidenciales a 8 años, Kennedy fue un demócrata fiel y realizó políticas admirables e inteligentes, en pos del bien común y de la armonía mundial. Fue un gran líder político, y es digno de admiración, aún hoy, 47 años después de que una bala segara su vida. Su estrella intenta empañarse constantemente con libros e informaciones que insisten en su adicción al sexo y en sus constantes adulterios. Pero, y sin querer negar la verdad de los mismos, no tiene demasiada importancia. En respuesta a los mitos y la idealización que inevitablemente han ido surgiendo, surge una historia paralela, que insiste en los errores y niega los aciertos, como si no existieran. JFK era un hombre atractivo, adoraba el sexo y las mujeres, y aprovechó su estatus para conseguirlo, como por otra parte hacían todos los presidentes, como sin duda recordarán, con el caso Clinton- Lewinsky. Pero al mismo tiempo era un enorme político, un estadista visionario y un gran hombre. Y eso es innegable e imborrable. 

Para saber más:
PELÍCULAS

"JFK, caso abierto" Oliver Stone
LIBROS

"John Fitzgerald Kennedy; una vida inacabada" Robert Dallek
"La conspiración: la historia secreta de John y Robert Kennedy" David Talbot
"Los Kennedy, mi familia. Memorias" Edward Kennedy
"Un adúltero americano" Jed Mercurio

miércoles, 13 de octubre de 2010

La grandeza del ser humano

Aquí estoy con la segunda entrada de este blog mío, no sin antes agradecer a mis seguidores su calurosa recepción. Espero no decepcionarles. No quiero empezar mi entrada de hoy sin criticar los pitidos, abucheos e insultos que recibió ayer José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno, durante los actos de la Fiesta Nacional celebrados ayer en Madrid. Siento profunda vergüenza, como español y como progresista, de que se use un acto ideado para que los españoles celebremos y de que no se respete ni siquiera un momento solemne, como es el homenaje a los caídos, para criticar ruidosamente al jefe del Ejecutivo elegido legalmente dos veces, en 2004 y en 2008, y que desde que empezó la crisis se usa como cabeza de turco nacional. Esta actividad propia de otros tiempos emborrona el juego democrático y provoca rechazo entre todos los que creemos que ésta no es la manera de hacer las cosas.

Hoy, quiero contar una historia que está en los medios de todo el mundo: el rescate de los 33 mineros atrapados desde agosto en la Mina San José, en Copiapó, Chile. Mientras escribo estas líneas, los mineros siguen saliendo uno por uno. De momento, van 22 mineros que ya han recobrado su vida. Es imposible no emocionarse ante esta soberbia demostración de humanidad, la de los 33 mineros que sobrevivieron al derrumbe de la mina, y que aguantaron durante 69 días bajo tierra. La grandeza del ser humano se pone de manifiesto con esta noticia, la de estos hombres que han sobrevivido, que hoy recuperan la libertad tras el peor trago de su vida. Aparte de los mineros, sus familias y el pueblo chileno en general, el rescate de hoy trae un triunfador, el presidente de Chile, Sebastián Piñera Echenique, que ganó las elecciones este año contra el demócrata cristiano Eduardo Frei y que ve cómo su apuesta por buscar y encontrar a los mineros trae hoy su recompensa. Pero hoy no es el día de sacar conclusiones políticas. Hoy es el día de los mineros, hoy es el día de la humanidad en el Campamento Esperanza.

A las 12 y 10 de la madrugada, hora chilena, 5 y 10 hora española, la cápsula Fénix 2 hizo su primer viaje a la superficie con el primero de los mineros: Florencio Ávalos, de 31 años. Quince minutos en la cápsula que le llevó desde el interior de la mina hasta el exterior fue el trayecto que hizo el primero de los mineros. Mientras subía, su hijo Byron, de sólo 8 años, lloraba de emoción por volver a ver a su padre, mientras a su lado el presidente Piñera y su madre esperaban con los mismos nervios. Cuando Florencio Ávalos emergió de las profundidades del encierro, empezó el último capítulo de la historia de los 33 mineros, que pintaba como tragedia tras el derrumbe del 5 de agosto, pero que acabará con final feliz. Las campanas de las iglesias repicaron en todo Chile, las bocinas de los coches y las sirenas en el Campamento Esperanza anunciaron el final de la agonía, y la familia Ávalos se disponía a recibir a su particular héroe. Byron Ávalos corrió hacia su padre en cuanto le vio llegar. Se abrazaron, el niño lloraba, y seguramente el padre también, sin embargo, no se pudo ver, ya que todos los mineros rescatados salieron con gafas de sol para evitar que la luz del exterior les deslumbrase, y así tendrán que estar varios días, hasta que sus ojos se acostumbren. Después, vino su mujer Mónica, después Piñera. A los pocos minutos, el Jefe de Estado chileno compareció ante los medios, declarando -"Hubo algunos que perdieron la fe y otros que no. Pero los chilenos nos comprometimos a buscarlos y no parar hasta encontrarlos. Hoy estamos cumpliendo la última parte de la promesa, que era traerlos con vida a la superficie". Tras el emotivo reencuentro con su familia, Florencio Ávalos fue trasladado al hospital de campaña para ser sometido a un primer análisis médico antes de ser llevado a un hospital, donde todos los mineros estarán ingresados dos días.

Sin desmerecer del resto de los mineros, uno de los rescates que más se ha repetido en los telediarios durante todo el día de hoy ha sido el segundo. Mario Sepúlveda, electricista de 39 años, salió a la superficie casi una hora después que Ávalos y volvió a la vida entre bromas. Sepúlveda, principal animador de los vídeos que se fueron emitiendo de la vida dentro de la mina, lanzaba gritos en la cápsula mientras le remolcaban a la superficie, gritos que se oían nítidamente en la superficie gracias a los aparatos electrónicos que todos los mineros llevaban durante su ascenso. Una vez fuera, Sepúlveda recibió los abrazos de su familia, y luego lanzó el grito -"¡Viva Chile mierda!". Cuando se lo iban a llevar, el minero Sepúlveda pidió un momento, cogió una bolsa y ofrendó a los presentes, incluido el presidente Piñera, al que abrazó en tres ocasiones, con piedras de la Mina San José. Él fue posteriormente el primero en hablar para decir que no querían que se les tratase como artistas, que él era Mario Sepúlveda, el minero trabajador, y que así quería que le trataran.

Los mineros de Chile son ya parte de la historia, sobre cómo se puede confiar en la vida y en la suerte hasta el final. Sus nombres, Luis Urzúa, Florencio Ávalos, Renán Ávalos, Samuel Ávalos, Osmán Araya, Carlos Bugüeño, Pedro Cortez, Carlos Barrios, Yonni Barrios, Víctor Segovia, Darío Segovia, Mario Sepúlveda, Franklin Lobos, Jorge Galleguillos, Víctor Zamora, Jimmy Sánchez, Omar Reygada, Ariel Ticona, Claudio Yáñez, Pablo Rojas, Juan Aguilar, Juan Illanes, Richard Villarroel, Raúl Bustos, José Manuel Henríquez, Álex Vega, Daniel Herrera, Mario Gómez, Carlos Mamani, José Ojeda, Esteban Rojas, Claudio Acuña y Edison Peña.

Mientras estaba escribiendo, se han producido dos rescates más, los de Carlos Bugüeño y José Manuel Henríquez. Ya sólo quedan 9 mineros que sacar, lo que supera las mejores previsiones del Gobierno chileno. El rescate terminará en las próximas horas. Les deseo desde aquí a los operarios y a los mineros que todo acabe bien, y que mañana podamos celebrar que los 33 de la Mina San José están por fin fuera. Y es que como decía aquel genial anuncio "El ser humano es extraordinario". Gracias, compañeros mineros, por darnos esta lección de humanidad. Siempre viene bien.

martes, 12 de octubre de 2010

El porqué del título

Bienvenidos a mi blog "Tiny ripples of hope", un espacio en el que compartiré con vosotros mis reflexiones, todo lo que pienso. Hacen falta más blogs de pensamiento, y yo intentaré cuajar uno bueno. Os preguntaréis por qué mi blog se llama así. Ésta es la historia

El senador Robert Francis Kennedy (1925-1968) fue el séptimo hijo de Joe y Rose Kennedy. Fue senador de los Estados Unidos desde 1964 hasta 1968. Creció políticamente a la sombra de su hermano mayor, el Presidente John Fitzgerald Kennedy, del que dirigió casi todas las campañas y del que fue fiscal general en su gobierno. Además de eso, mantuvo siempre una estrechísima relación con su hermano, al que adoraba y del que aprendió mucho, pero al que también enseñó mucho.

Cuando su hermano Jack es asesinado como fruto de una conspiración el 22 de noviembre de 1963, Bobby Kennedy quedó destrozado. El apoyo que su hermano siempre había significado para él se había desvanecido por culpa de una bala maldita. Sin embargo, no se quedó con los brazos cruzados. Fue elegido senador por Nueva York en 1964, y abordó su más que posible candidatura a la Presidencia en 1968 por el Partido Demócrata.

En aquel año, anunció que se postulaba para lograr la nominación demócrata, compitiendo entre otros contra el presidente Johnson, contra Eugene McCarthy o contra el que finalmente fue candidato, Humphrey. Tras unas derrotas en varias primarias, RFK fió el éxito o fracaso de su candidatura a las primarias de California. Allí ganó por 46% a 42% a McCarthy, y desequilibró la balanza bastante en su beneficio. Sin embargo, aquella noche, 5 de junio de 1968, fue disparado en el hotel Ambassador de Los Ángeles por el integrista palestino Sirhan Bishara Sirhan. Murió al día siguiente, sin ver cumplido su sueño de alcanzar la Presidencia.

Justo dos años antes de morir, el 6 de junio de 1966, Bobby Kennedy pronunció un discurso en la universidad del Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, en aquellos momentos bajo el yugo del 'apartheid'. En él, su mejor discurso, RFK pronunció unas palabras que se quedaron en el ideario americano y mundial de la libertad. "Each time a man stands up for an ideal or acts to improve the lot of others, or strikes out against injustice, he sends forth a tiny ripple of hope, and crossing each other from a million different centers of energy and daring, those ripples build a current that can sweep down the mightiest walls of oppression and resistance".

Tras su asesinato, su cuerpo recorrió el país desde Los Ángeles, donde murió, hasta Nueva York, donde se celebró su funeral. El viaje lo hizo en tren, y muchos ciudadanos estadounidenses se congregaron en las vías para despedir al senador. Cuando se produjo su funeral, el 8 de junio de 1968 en la catedral de Saint Patrick, su hermano Ted Kennedy, el único varón que quedaba vivo de 4, Joe, Jack, Bobby y él, pronunció el elogio fúnebre. En un bellísimo y emotivo discurso dedicado a su hermano, el a la postre león del Senado de EEUU defendió la figura del difunto, y añadió a sus palabras el discurso que años antes había pronunciado RFK en Sudáfrica. Las palabras hicieron que su imperturbable viuda, Ethel Skakel Kennedy, no pudiera reprimir las lágrimas. También tenéis el vídeo del elogio abajo.

Os dejo aquí esa parte del discurso en Youtube subtitulado, y para los curiosos, la transcripción del discurso íntegro, procedente de la Biblioteca JFK.

Sin duda, Jack Kennedy fue el mito, Teddy Kennedy, el popular; pero Bobby fue el político, el mejor de su familia.

http://www.youtube.com/v/JC8RlzUG3v0

http://www.youtube.com/v/MwmmdKMuUqY

http://www.jfklibrary.org/Historical+Resources/Archives/Reference+Desk/Speeches/RFK/Day+of+Affirmation+Address+News+Release.htm